Otra noche, otro encuentro en la terraza.
Nuevamente me despertó el Camión de la Basura.
Tumbada en la cama comencé a pensar:
¿Y si saliese a la terraza?
……
¿Estará allí la Sra. X?
……
¡Que sí, que salgo!
……
¡Que no, que no seas loca!
.…
¿Y qué mal hay en salir? Vaya, que creo que me está apeteciendo salir (y por supuesto sin ropa).
Y salí.
Y allí estaba ella, por supuesto, también desnuda.
-¡Buenas noches Sra. X!
Me miró y sonrió
-Buenas noches, “Esclava de…”. Veo que te estas acostumbrando rápidamente a lo bueno.
-A eso, todas nos acostumbramos rápido.
-¿Te apetece un vaso de té frío?
-Pues sí, gracias.
Y marchó a buscarlo.
Mientras esperaba a que volviese, estuve contemplando la calle casi desierta (de vez en cuando un automóvil que pasaba de largo), los edificios próximos con sus luces apagadas, y la luna, también apagada (hoy era luna nueva).
Su visión me trajo el recuerdo de aquellos cuentos infantiles en que salían la imágen de una luna llena, y dentro de ella se veía la silueta de una bruja volando montada en su escoba.
Supongo que, en la realidad, ellas, que serían brujas pero no tontas, justamente serían los días de luna nueva cuando volasen, precisamente para no ser vistas.
Al menos, si yo fuese una bruja que pudiese volar en mi escoba, elegiría una noche sin luna como esta para salir a volar, para poder ver sin ser vista.
(vamos, como lo que estamos haciendo estas noches).
De estos pensamientos me sacó la Señora X, al volver con los vasos de té frío (uno para ella y otro para mí).
-¿En qué pensabas? Me preguntó
-Pensaba, le dije, en que sería bonito en noches de luna nueva como ésta, ser como una bruja y, sin ser vista, sobrevolar la ciudad en una escoba.
-¡Bueno! Veo que me ganas en ideas innovadoras, dijo la Sra. X. Sí, realmente estaría muy bien si pudiéramos hacer eso, ahora montaríamos en nuestras escobas y saldríamos a sobrevolar la ciudad.
-¡Al estilo Harry Potter, pero desnudas!
-¡Ja, ja, ja! ¡Si nuestros hijos nos estuviesen escuchando!
-¡Mejor que no!. No entenderían porqué sus madres iban a volar en escoba, ¡y encima desnudas!
-Ja, ja, ja. Bueno, algún día, cuando sean mayores, lo entenderán.
Nuestra conversación continuó, y hablamos, entre otras cosas, de lo que había leído en los libros, de los puntos de placer del cuerpo humano (sobre todo del de la mujer, claro está), de los masajes, y del cursillo.
Recordaba la Sra. X que su profesora de Yoga, impartía el cursillo en cuestión en su piso (uno de esos piso grandes del Eixample Barcelonés), varias veces al año, tan pronto como hubiese un grupo mínimo de alumnas (unas 6 al menos).
¡Ah! ¡Y nada de caballeros en esos cursillos! Que ellos se dedican a mirar lo que no deben en lugar de atender a las explicaciones de la profesora.
ASí pues, que sean sus señoras las que luego en casa, les impartan el cursillo a ellos.
Como el teléfono lo tenía apuntado en la agenda, y ésta la tenía en la oficina, quedó en que a la mañana siguiente llamaría para enterarse.
Y por esa noche, eso fue todo, ya que en esta ocasión no hubo chica en motocicleta que nos viera.
Al meterme en la cama pensé que, definitivamente, había rebasado la línea que fija cuando algo ya no tiene vuelta atrás.
